Domingo, 27 Septiembre 2026

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Sepúlveda, Segovia, Turégano y otros apellidos toponímicos

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En nota reciente, “El Adelantado” se hacía eco de la base de datos del INE sobre frecuencias de apellidos en España.

Una herramienta maravillosa, con precedente para aquellos interesados por estas cuestiones en las guías telefónicas. Algunos interrogantes se planteaban en el artículo referido; y trataré de realizar aporte en temática que constituye obsesión particular.

Los apellidos toponímicos mayores –es decir, nombres de localidades- son fundamentales en los territorios del antiguo Reino de Castilla; y su profusión está vinculada a la repoblación medieval dentro del gradiente Norte-Sur. De manera especial, aparecen en La Mancha y Andalucía, donde la llegada de colonos fue más tardía que en el centro-norte; y la práctica de fijar apellido para nombrar a los vecinos ya estaba más asentada. En realidad, dicho nomenclátor podía ser muy flexible todavía en el siglo XVII. Los hijos de un Mateo Velasco – antepasado mío- adoptaron como identificativo el nombre propio; y devinieron en Mateo.

La lectura de frecuencias de apellidos debe realizarse por “provincias de nacimiento” en la base de datos. Un filtro necesario, pues el criterio de residencia contamina los datos requeridos. Por ejemplo, los nativos enraizados en la Comunidad Autónoma de Madrid (CAM) son minoría exigua. Y, debido a la mezcolanza de orígenes, prefiero prescindir de la CAM para este análisis, dada la imposibilidad de desagregar datos de población autóctona en las antiguas áreas rurales de Madrid, muy influidas por sus vecinos norteños más inmediatos.

El indicador adecuado para medir la densidad es la tasa de portadores de un apellido por cada mil habitantes. Valga el ejemplo de Sanz, cual apellido más segoviano: el cociente referido resulta imbatible -33 por mil-, a pesar de haber muchos más nacidos en Madrid. Desde este criterio, Toledo es la provincia con mayor intensidad de toponímicos segovianos. Una jurisdicción situada al sur en línea recta; y gran receptora de dos tipos de repobladores medievales: aquellos originarios de nuestra provincia; y madrileños de la transierra con las mismas raíces. Por ello, Toledo gana premio a la regularidad, relativo al “ranking” provincial de la ratio que mide la frecuencia relativa de numerosos apellidos: Pedraza (1ª posición), Segoviano (1ª), Sepúlveda (2ª), Cantalejo (3ª), Cuéllar (4ª) y Segovia (5ª).

En ciertos pueblos de Toledo y Ciudad Real, se han preservado numerosos apellidos compuestos de extracción popular, híbridos que combinan patronímico con topónimo de origen; y nos informan sobre la procedencia de colonos desplazados desde la vertiente septentrional del Sistema Central. Algunas muestras: Romero de Ávila –es decir, los Romero emigrados a La Mancha desde Ávila-, López-Sepúlveda, Martín-Buitrago, etc. Este fenómeno, apenas conocido, enorgullece a los vecinos de localidades como Herencia.

Segovia, Ávila o Burgos son apellidos frecuentes, frente al carácter minoritario de Segoviano o Burgalés. La marca de estas ciudades notables se impone. Por su parte, la identidad étnica individual prevalece en los Vizcaíno, Montañés, Gallego o Navarro, oriundos del Norte.